Liderazgo local y tecnología: arranca en Corea del Sur el Foro Internacional de Resiliencia ante Desastres 2026

Incheon reúne el 7 y 8 de septiembre a gobiernos locales, organismos internacionales y especialistas para discutir cómo convertir la resiliencia urbana en acciones concretas. Inteligencia artificial, financiamiento, infraestructura crítica, gobernanza local y planificación multiamenaza aparecen entre los grandes desafíos de una agenda con importantes enseñanzas para los municipios argentinos.

Incheon, Corea del Sur, se convierte esta semana en uno de los principales puntos de encuentro mundial de la Gestión Integral del Riesgo de Desastres (GIRD). Durante el 7 y 8 de septiembre de 2026, la ciudad alberga el International Disaster Resilience Leaders Forum 2026 (IDRLF 2026), una cumbre internacional orientada a fortalecer la resiliencia desde los gobiernos locales y transformar los compromisos globales de reducción del riesgo en acciones concretas sobre el territorio.

La quinta edición del encuentro se realiza en Songdo Convensia, Incheon, y es organizada con participación de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), el Ministerio del Interior y Seguridad de la República de Corea, la ciudad de Incheon y la iniciativa Making Cities Resilient 2030 (MCR2030).

El lema elegido para 2026 resume buena parte del desafío: “Translating Locally-led Resilience into Action in the Age of Complex Risk and Digital Transformation”. En otras palabras, cómo convertir la resiliencia liderada localmente en acciones reales en una época marcada por riesgos complejos y transformación digital.

La discusión resulta particularmente oportuna. Mientras numerosos encuentros internacionales se concentran inevitablemente en la respuesta humanitaria después de grandes catástrofes, el IDRLF coloca el foco principalmente unos pasos antes: prevención, gobernanza, preparación, inversión, tecnología, infraestructura y capacidad institucional.

La pregunta de fondo es sencilla, pero difícil de responder: ¿qué necesita realmente una ciudad para estar preparada antes de que ocurra el próximo desastre?

De los grandes acuerdos internacionales al barrio

Durante décadas, una parte importante de la discusión internacional sobre reducción del riesgo se desarrolló alrededor de grandes acuerdos, estrategias nacionales y compromisos multilaterales. Sin embargo, cuando una inundación atraviesa un barrio, un incendio forestal amenaza viviendas, una tormenta interrumpe el suministro eléctrico o una ola de calor afecta a una comunidad, buena parte de las primeras decisiones concretas se toman localmente.

Son los gobiernos municipales los que deben conocer qué barrios pueden inundarse, dónde vive la población más vulnerable, qué caminos pueden quedar interrumpidos, qué infraestructura debe mantenerse funcionando, dónde podrían instalarse centros de evacuados y qué recursos estarán disponibles durante las primeras horas.

Esa distancia entre las grandes políticas internacionales y la realidad cotidiana del territorio constituye uno de los problemas centrales que intenta abordar el foro de Incheon.

El desafío ya no consiste únicamente en desarrollar estrategias de reducción del riesgo, sino en disponer de instituciones, financiamiento, información, capacidades técnicas y mecanismos de coordinación capaces de ejecutarlas.

Esta discusión adquiere todavía mayor relevancia porque el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015–2030 se encuentra transitando sus últimos años de implementación. El tiempo disponible para transformar compromisos en resultados verificables comienza a reducirse.

Incheon: una ciudad convertida en laboratorio de resiliencia

El lugar elegido para el encuentro no es casual.

Incheon es una de las principales ciudades de Corea del Sur. Tiene aproximadamente tres millones de habitantes, un aeropuerto internacional estratégico, un importante puerto y un territorio que incluye numerosas islas. Esa combinación genera desafíos complejos en materia de movilidad, infraestructura, ambiente, continuidad de servicios y gestión de emergencias.

Pero la ciudad se ha convertido además en una referencia internacional en materia de resiliencia urbana.

Desde 2022 organiza anualmente el International Disaster Resilience Leaders Forum y desde 2021 es reconocida como Resilience Hub de Making Cities Resilient 2030. Incheon alberga además desde 2010 la Oficina de UNDRR para Asia Nororiental y el Global Education and Training Institute for Disaster Risk Reduction.

Uno de los elementos particularmente interesantes de su experiencia es la integración de la reducción del riesgo dentro de la propia administración urbana. Según información difundida por UNDRR para el encuentro, alrededor del 4 % del presupuesto de Incheon para 2026 está destinado a prevención de desastres.

La ciudad también utiliza sistemas de videovigilancia, sensores vinculados con Internet de las Cosas (IoT) y otras tecnologías para monitorear durante las 24 horas riesgos relacionados con emergencias, tránsito, incendios, contaminación ambiental y seguridad urbana.

La resiliencia deja entonces de ser exclusivamente un documento elaborado por Protección Civil y comienza a convertirse en una política transversal de gobierno.

Los ejes del encuentro: de la teoría a la acción municipal

El IDRLF 2026 reúne a autoridades nacionales y subnacionales, gobiernos locales, planificadores urbanos, especialistas, académicos, organizaciones internacionales y otros actores alrededor de un objetivo común: transformar el liderazgo local en acciones concretas frente a riesgos cada vez más complejos.

Entre los principales temas aparece la gobernanza local y la resiliencia urbana. La reducción del riesgo requiere que los gobiernos locales posean capacidades técnicas, información y suficiente autonomía operativa para adoptar decisiones oportunas.

Otro componente será la transformación digital. El crecimiento de sensores, imágenes satelitales, sistemas de información geográfica, grandes bases de datos e inteligencia artificial abre posibilidades inéditas para anticipar impactos.

Pero disponer de tecnología no significa automáticamente estar mejor preparado.

El verdadero desafío consiste en convertir datos meteorológicos, hidrológicos, ambientales, territoriales y sociales en información útil para tomar decisiones antes de una emergencia.

También ocupará un lugar importante la planificación multiamenaza. Los desastres contemporáneos demuestran cada vez con mayor claridad que las amenazas no funcionan de manera aislada. Una tormenta puede producir inundaciones, interrupciones eléctricas, contaminación del agua, aislamiento territorial y problemas sanitarios simultáneamente. Un incendio forestal puede eliminar cobertura vegetal y aumentar posteriormente el riesgo de inundaciones y movimientos en masa.

Planificar una amenaza sin considerar sus interdependencias puede generar una falsa sensación de seguridad.

Inteligencia artificial y gestión del riesgo

Uno de los componentes más novedosos de la agenda será la utilización de tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial, para prevención y gestión de desastres.

La posibilidad de analizar grandes volúmenes de información permite imaginar sistemas capaces de integrar pronósticos meteorológicos, niveles de ríos, focos de incendios, sensores ambientales, imágenes satelitales, llamadas de emergencia, cortes eléctricos, movilidad urbana e infraestructura crítica.

Un municipio podría utilizar esa información para construir un tablero dinámico de situación, capaz de mostrar no solamente dónde existe una amenaza, sino qué población, infraestructura y servicios podrían resultar afectados.

Esta diferencia es fundamental.

Un pronóstico informa que pueden caer 100 milímetros de lluvia. Un sistema de gestión del riesgo debería intentar responder algo mucho más importante: qué podría ocurrir en cada sector del municipio si esos 100 milímetros efectivamente precipitan.

La inteligencia artificial puede colaborar en ese proceso detectando patrones, procesando información y construyendo escenarios. Sin embargo, existe una advertencia imprescindible: la tecnología no reemplaza la gobernanza.

Un algoritmo puede identificar una amenaza. Alguien debe tener autoridad para actuar, protocolos previamente establecidos y recursos disponibles para ejecutar la decisión.

Financiar la prevención antes de financiar la reconstrucción

Otro eje estratégico será el financiamiento.

Uno de los problemas históricos de la reducción del riesgo es que resulta políticamente más visible destinar grandes recursos después de una catástrofe que invertir silenciosamente para evitarla.

Sin embargo, una ciudad resiliente necesita presupuesto antes del desastre.

Eso significa financiar mantenimiento de drenajes, estabilización de terrenos, sistemas de alerta temprana, actualización de cartografía, capacitación, simulacros, redundancia de comunicaciones, infraestructura resistente y programas destinados a poblaciones vulnerables.

El foro analizará mecanismos innovadores de financiamiento, inversión informada por riesgo y asociaciones entre gobiernos, sector privado y otros actores.

La experiencia de Incheon resulta nuevamente significativa: destinar una proporción identificable del presupuesto a prevención permite convertir la reducción del riesgo en una política financiera verificable, y no solamente en una declaración institucional.

Infraestructura crítica: cuando una falla produce muchas otras

Agua potable, electricidad, telecomunicaciones, hospitales, rutas, puentes, transporte, saneamiento y sistemas digitales forman redes profundamente interdependientes.

La pérdida de energía puede interrumpir el bombeo de agua. La interrupción de telecomunicaciones puede afectar la coordinación de ambulancias. Un puente destruido puede aislar hospitales o impedir el ingreso de ayuda.

Por eso, otro de los ejes del IDRLF 2026 será la resiliencia de las infraestructuras y los servicios esenciales.

El cambio conceptual es importante: no basta con preguntar si determinada infraestructura puede resistir una amenaza. También es necesario preguntarse qué ocurriría con el resto del sistema si esa infraestructura dejara de funcionar.

Esta lógica de interdependencias debería formar parte de cualquier planificación municipal contemporánea.

Prepararse también para recuperarse

La gestión del riesgo no termina cuando finalizan las operaciones de rescate.

Otra de las discusiones previstas aborda la preparación para la recuperación. Esto implica planificar antes del desastre cómo se restablecerán servicios esenciales, infraestructura, actividad económica, educación y funcionamiento institucional.

Una ciudad verdaderamente preparada debería conocer previamente qué servicios recuperará primero, cuáles son sus dependencias críticas, qué contratos o recursos necesitará activar y qué estructuras institucionales conducirán la recuperación.

Esperar al desastre para comenzar a diseñar esa estrategia significa perder tiempo cuando cada hora resulta importante.

MCR2030: una herramienta que los municipios latinoamericanos deberían observar

Uno de los marcos centrales del encuentro será Making Cities Resilient 2030 (MCR2030), iniciativa global impulsada por UNDRR junto con numerosos socios.

Su importancia reside en que no propone una receta idéntica para todas las ciudades. Plantea una hoja de ruta progresiva mediante la cual los gobiernos locales pueden analizar su situación, identificar brechas, establecer prioridades y avanzar hacia mayores niveles de resiliencia.

También facilita intercambio de conocimiento y aprendizaje entre ciudades.

Ese componente resulta especialmente importante para América Latina. Un municipio no necesariamente necesita diseñar desde cero cada herramienta. Puede conocer experiencias implementadas en otras ciudades, analizar su efectividad y adaptarlas a su realidad institucional, económica, social y territorial.

La clave está precisamente en adaptar y no copiar.

¿Qué pueden aprender los municipios argentinos?

Las discusiones de Incheon tienen una aplicación directa para Argentina.

El país presenta un mosaico extremadamente diverso de amenazas: inundaciones urbanas y fluviales, tormentas severas, incendios forestales y de interfaz, sequías, olas de calor, nevadas, terremotos, actividad volcánica, movimientos en masa, riesgos tecnológicos y emergencias relacionadas con el transporte de sustancias peligrosas.

Pero detrás de esa diversidad aparece una problemática común: cómo convertir el conocimiento del riesgo en decisiones permanentes de gobierno.

Un municipio argentino podría comenzar su evaluación formulándose preguntas muy concretas:

¿Conoce cuáles son sus cinco amenazas prioritarias?

¿Dispone de mapas de riesgo actualizados y accesibles?

¿Sabe cuántas personas viven dentro de las zonas expuestas?

¿Tiene identificadas personas mayores, establecimientos sanitarios, residencias, escuelas y otras instituciones que requerirían asistencia durante una evacuación?

¿Conoce cuáles son las infraestructuras cuya interrupción produciría consecuencias críticas?

¿Existen rutas alternativas si un puente o acceso queda inutilizado?

¿Hay criterios previamente establecidos para activar el Centro de Operaciones de Emergencia?

¿Están definidas las responsabilidades institucionales antes de la emergencia?

¿Se realizan simulaciones y simulacros para comprobar que los protocolos funcionan?

¿Existe presupuesto específico destinado a reducción del riesgo?

Estas preguntas permiten transformar una palabra frecuentemente abstracta como resiliencia en capacidades concretas que pueden medirse y auditarse.

Del mapa de amenazas al tablero municipal de riesgos

La transformación digital discutida en Corea del Sur también ofrece una oportunidad para los gobiernos locales argentinos.

Un municipio podría integrar progresivamente información del Servicio Meteorológico Nacional, organismos provinciales, estaciones meteorológicas locales, niveles hidrométricos, cámaras, focos de incendios, disponibilidad hospitalaria, cortes de energía, llamadas de emergencia e infraestructura crítica.

No necesariamente se requiere comenzar construyendo un costoso centro tecnológico.

El primer paso puede ser mucho más sencillo: lograr que la información existente deje de permanecer fragmentada entre diferentes organismos.

La verdadera innovación consiste en integrar esos datos para construir una imagen compartida de la situación.

Y allí aparece otro concepto fundamental para la gestión moderna del riesgo: la conciencia situacional común.

Bomberos, Defensa o Protección Civil, Policía, Salud, Obras Públicas, Desarrollo Social, servicios públicos y autoridades políticas deberían estar tomando decisiones sobre una misma representación actualizada del escenario.

De responder emergencias a gobernar riesgos

Quizás una de las enseñanzas más importantes del IDRLF 2026 sea conceptual.

Una ciudad resiliente no es simplemente aquella que posee muchos bomberos, ambulancias, camionetas o equipos de emergencia.

Es aquella que consigue evitar que una amenaza se transforme en desastre o, cuando esto no resulta completamente posible, logra reducir sus consecuencias y recuperar rápidamente sus funciones esenciales.

Eso requiere planificación territorial, infraestructura resistente, mantenimiento, alerta temprana, educación comunitaria, protección de grupos vulnerables, continuidad operativa, información interoperable, simulaciones y financiamiento sostenido.

La respuesta constituye una parte imprescindible del sistema, pero comienza cuando muchas oportunidades de reducción del riesgo ya se perdieron.

La GIRD propone justamente desplazar parte del esfuerzo hacia antes del impacto.

De Incheon al municipio argentino

El mensaje que atraviesa el International Disaster Resilience Leaders Forum 2026 puede sintetizarse en una idea poderosa: la resiliencia global se construye localmente.

Los organismos internacionales establecen marcos. Los Estados nacionales desarrollan políticas. Las provincias articulan recursos y capacidades. Pero una parte decisiva de la reducción concreta del riesgo ocurre finalmente en ciudades, municipios y comunidades.

Allí se decide dónde construir, qué infraestructura proteger, qué información producir, cuándo emitir una alerta, cómo evacuar, dónde alojar población desplazada, qué recursos preposicionar y cuánto invertir antes del desastre.

Por eso, Incheon debería ser observado también desde Argentina y América Latina.

No porque una solución tecnológica desarrollada en Corea del Sur pueda trasladarse automáticamente a Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, Santa Fe, Salta, Patagonia o cualquier otro territorio.

La enseñanza transferible es más profunda: la gestión del riesgo debe incorporarse al gobierno cotidiano del territorio y dejar de ser considerada exclusivamente una responsabilidad de los organismos que actúan cuando comienza la emergencia.

Quizás, entonces, la pregunta más importante que Incheon 2026 deja para nuestros gobiernos locales no necesite inteligencia artificial ni tecnología sofisticada para formularse:

Si mañana ocurriera el desastre que nuestros propios mapas de riesgo consideran probable, ¿podemos demostrar —y no solamente afirmar— que nuestro municipio está preparado?

Responder esa pregunta con evidencia puede ser uno de los indicadores más honestos de resiliencia.

Fuentes y plataformas oficiales para seguimiento

UNDRR — International Disaster Resilience Leaders Forum Incheon 2026. Ficha oficial, objetivos, agenda e información institucional del encuentro.
International Disaster Resilience Leaders Forum 2026. Plataforma oficial del evento y sede en Incheon.
United Nations Office for Disaster Risk Reduction (UNDRR). Organismo de Naciones Unidas responsable de impulsar internacionalmente la reducción del riesgo de desastres.
Making Cities Resilient 2030 (MCR2030). Iniciativa internacional destinada a acompañar a gobiernos locales en el fortalecimiento progresivo de la resiliencia urbana.
UNDRR ONEA & GETI — Incheon. Oficina de Naciones Unidas para Asia Nororiental y Global Education and Training Institute for Disaster Risk Reduction.
Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015–2030. Marco internacional de referencia para comprender, gobernar, reducir e invertir en la reducción del riesgo y fortalecer la preparación y recuperación.
International Disaster Resilience Leaders Forum Incheon 2025 — Final Report. Antecedente de la edición anterior y referencia para analizar la evolución del foro hacia 2026.
Liderazgo local y tecnología: arranca en Corea del Sur el Foro Internacional de Resiliencia ante Desastres 2026Ilustración generada con inteligencia artificial. No es una fotografía del hecho.

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