Existe una máxima en la gestión pública internacional que se repite como un mantra tras cada inundación, deslizamiento o colapso climático: el desastre no es el fenómeno natural en sí, sino la medida en que este supera la capacidad de respuesta y resiliencia de una sociedad. Un oleaje anómalo, un sismo o una lluvia torrencial son eventos biofísicos inevitables; sin embargo, la pérdida de vidas humanas, el colapso de la infraestructura crítica y la quiebra de las economías locales son consecuencias directas de decisiones políticas previas, ordenamientos territoriales deficientes y vulnerabilidades socioeconómicas desatendidas.
Reducir el riesgo no significa esperar al desastre para desplegar ayuda humanitaria; significa intervenir activamente sobre el territorio y proteger el ecosistema mucho antes de que la amenaza se materialice.
El Diagnóstico Latinoamericano: Pérdidas Máximas, Inversión Mínima
De acuerdo con el Informe de Evaluación Regional sobre el Riesgo de Desastres para América Latina y el Caribe 2024 (RAR24), publicado por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), nuestra región enfrenta una paradoja alarmante: seis de los diez países a nivel global que sufren las mayores pérdidas económicas relativas a causa de desastres se encuentran en América Latina y el Caribe.
A pesar de esta vulnerabilidad crítica, la asignación presupuestal delata una profunda miopía gubernamental. En economías clave como Brasil, México, Guatemala, Jamaica y el Perú, la inversión dedicada explícitamente a la prevención y mitigación del riesgo apenas oscila entre el 0.1% y el 2.5% del presupuesto nacional. La estructura financiera del Estado está diseñada, de forma casi exclusiva, para reaccionar ante la catástrofe consumada en lugar de construir resiliencia sistémica ex ante.
La Paradoja Presupuestal en el Perú: El Caso INDECI vs. CENEPRED
El marco normativo e institucional peruano cuenta con el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SINAGERD), el cual divide teóricamente sus funciones operativas en dos pilares estratégicos:
INDECI (Instituto Nacional de Defensa Civil): Organismo encargado de la preparación, respuesta y rehabilitación ante emergencias (enfoque netamente reactivo).
CENEPRED (Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres): Ente técnico responsable de la estimación, prevención y reducción del riesgo estructural (enfoque preventivo).
No obstante, al auditar la distribución real de los recursos económicos del Estado a través del portal de Consulta Amigable del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) bajo la Categoría Presupuestal 0068: “Reducción de vulnerabilidad y atención de emergencias por desastres”, la asimetría es abismal:
INDECI: Cuenta con un Presupuesto Institucional Modificado (PIM) de S/ 285,371,983 (~95.6% del fondo sectorial).
CENEPRED: Dispone únicamente de S/ 12,948,613 (~4.4% del fondo sectorial).
Esto significa que la tasa de asignación reactiva/preventiva (T_{rp}) se calcula como:
En términos llanos, por cada sol que el Estado peruano invierte de forma técnica en prevención a través de CENEPRED, gasta más de 22 soles en atender y reaccionar ante la emergencia a través de INDECI. Paradójicamente, las auditorías de gasto demuestran que CENEPRED muestra niveles de ejecución fiscal muy superiores (68.7% frente al rezagado 20% de INDECI en periodos analizados), lo que derriba el mito de que “no se invierte en prevención por falta de capacidad técnica”. El verdadero cuello de botella es la priorización política de los fondos públicos.
La Lógica Política de la Inmediatez y la “Foto del Desastre”
¿Por qué los gobernantes prefieren sistemáticamente gastar miles de millones en reconstrucción en lugar de millones en prevención? La respuesta reside en los incentivos de la política electoral y la cobertura mediática. Las obras de prevención estructural (reubicación de poblaciones en fajas marginales, estabilización de laderas, zonificación regulatoria) son silenciosas. Cuando tienen éxito, su mayor logro es que “no pase nada”, un resultado que es prácticamente imposible de capitalizar políticamente en las urnas.
Por el contrario, la gestión reactiva postdesastre ofrece un escenario de altísima visibilidad pública. El despliegue de autoridades con botas de jebe recorriendo zonas inundadas, la entrega de canastas de víveres frente a las cámaras de televisión y las grandes promesas presupuestales para la reconstrucción inmediata permiten a las figuras políticas proyectar una falsa imagen de empatía, liderazgo y acción inmediata (“estar haciendo algo”). De este modo, la inacción preventiva alimenta una perversa lógica donde el desastre termina marcando y beneficiando las agendas políticas de corto plazo, perpetuando un ciclo constante de reconstrucción y posterior colapso.
Infraestructura Natural: Las Soluciones Ecosistémicas Olvidadas
La literatura científica contemporánea insiste en la urgencia de transicionar de la mera “infraestructura gris” (cemento) hacia la Adaptación basada en Ecosistemas (AbE). La degradación ambiental y la destrucción de la infraestructura ecológica multiplican exponencialmente la fuerza de las amenazas naturales.
Los humedales andinos y costeros funcionan como esponjas reguladoras que absorben y filtran el exceso de agua durante lluvias intensas, reduciendo drásticamente las inundaciones aguas abajo. Asimismo, los manglares y los arrecifes actúan como barreras vivas capaces de amortiguar marejadas, tormentas u oleajes anómalos. Cuando un país destruye o altera estos ecosistemas, desmantela sus defensas naturales primarias, incrementando la exposición de sus poblaciones vulnerables. Invertir en la restauración ecosistémica no es un lujo conservacionista, sino una estrategia financiera y humanitaria de supervivencia con un retorno de inversión sustancialmente más alto que cualquier reconstrucción paliativa.
Romper con el enfoque puramente reactivo requiere una reforma profunda de la planificación fiscal, voluntad política sostenida y comprender de una vez por todas que el costo de la inacción siempre será infinitamente mayor que el costo de la prevención.
Bibliografía
CENEPRED. (2023). Estrategia Nacional de Resiliencia ante el Riesgo de Desastres y Planificación Territorial en el Perú. Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres. Lima, Perú.
Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). (2025). Consulta Amigable – Presupuesto Público 2025. Categoría Presupuestal 0068: Reducción de vulnerabilidad y atención de emergencias por desastres. Portal de Transparencia Económica, Gobierno del Perú.
Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). (2024). Informe de Evaluación Regional sobre el Riesgo de Desastres en América Latina y el Caribe (RAR24): Hacia un desarrollo resiliente y sostenible. Ginebra, Suiza: Naciones Unidas.
Rojas, E. (2025). Cuando el desastre marca la agenda. CooperAcción – Opina. Recuperado de: https://cooperaccion.org.pe/opinion/cuando-el-desastre-marca-la-agenda/
World Bank. (2022). The Triple Dividend of Resilience: Realizing the Development Benefits of Disaster Risk Management. Washington, D.C.: International Bank for Reconstruction and Development.
