El cambio climático suele presentarse como un desafío global que nos afecta a todos por igual. Sin embargo, la realidad detrás de las olas de calor, las inundaciones y las sequías prolongadas es mucho más injusta. Como bien señalaba el especialista Milan C. Jelic en una columna para el diario Perfil, la crisis climática es, en su núcleo, una crisis de desigualdad. Quienes menos han contribuido a la emisión de gases de efecto invernadero son, paradójicamente, quienes pagan el precio más alto.
El calentamiento global no opera en el vacío; actúa como un multiplicador de riesgos. Esto significa que toma problemas preexistentes —como la pobreza, la falta de infraestructura segura, la desnutrición y la precariedad laboral— y los intensifica drásticamente.
La salud en primera línea de riesgo
El impacto en la salud humana es una de las facetas más alarmantes. Las proyecciones globales estiman que, para el año 2050, el cambio climático provocará 14,5 millones de muertes adicionales en todo el mundo.
Esta cifra no se distribuye equitativamente. Las poblaciones vulnerables se enfrentan a amenazas directas:
Olas de calor extremo: Las personas de la tercera edad, quienes sufren patologías crónicas o aquellas con discapacidades psicosociales y físicas sufren enormes dificultades para regular su temperatura corporal. Sin acceso a refrigeración o viviendas bien acondicionadas, el riesgo de mortalidad se dispara.
Vectores de enfermedades: El aumento de las temperaturas globales ensancha las zonas geográficas donde prosperan mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue, el zika o la malaria, afectando a comunidades que carecen de sistemas de salud robustos.
Radiografía de la vulnerabilidad: ¿Quiénes sufren más?
La vulnerabilidad ante la emergencia climática no depende únicamente del clima del lugar, sino de las condiciones socioeconómicas. El siguiente panorama resume los sectores más expuestos y las razones detrás de su fragilidad:
| Grupo Vulnerable | Principal Factor de Riesgo | Consecuencia Inmediata |
| Comunidades de Bajos Ingresos | Viviendas precarias o infraviviendas. | Pobreza energética (imposibilidad de climatizar el hogar) y pérdidas materiales por inundaciones. |
| Pequeños Agricultores | Dependencia directa del clima para el sustento. | Pérdida de cosechas debido a sequías extremas, amenazando la seguridad alimentaria. |
| Adultos Mayores y Personas con Discapacidad | Limitaciones fisiológicas y, a menudo, aislamiento social. | Mayor tasa de hospitalización y muerte durante fenómenos térmicos extremos. |
| Países en Desarrollo (ej. Chad, Bangladesh, Somalia) | Falta de presupuesto e infraestructura de resiliencia. | Crisis humanitarias crónicas y desplazamientos forzados masivos. |
El colapso de la “Casa Común” y la necesidad de una transición justa
Descuidar nuestro entorno —lo que el Papa Francisco denomina la “casa común”— está pasando una factura demasiado cara. Cuando una tormenta o una inundación arrasa con un barrio vulnerable, no solo destruye estructuras físicas; destruye economías familiares enteras que no cuentan con ahorros, seguros ni redes de contención estatales suficientes para recuperarse.
Para revertir esto, los debates internacionales (como los planteados en las recientes cumbres del clima como la COP30) insisten en que la mitigación (reducir emisiones) ya no es suficiente. Es urgente implementar estrategias agresivas de adaptación climática con enfoque inclusivo. Esto implica diseñar obras de infraestructura en los barrios más postergados, asegurar el acceso universal a la salud y garantizar subsidios energéticos para los hogares que sufren de frío o calor extremo.
La lucha contra el cambio climático y la lucha contra la pobreza no son dos caminos separados: son exactamente el mismo desafío.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en sus últimos informes de evaluación (particularmente el Grupo de Trabajo II sobre Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad), destaca que las ciudades concentran tanto los mayores riesgos climáticos como las mejores oportunidades de resiliencia.
Para proteger a los barrios vulnerables —donde suelen coincidir viviendas precarias, falta de vegetación y escaso acceso a servicios básicos— el IPCC propone un enfoque mixto que combina infraestructura verde/azul, soluciones de ingeniería y políticas socioeconómicas.
Medidas frente a Olas de Calor Urbano
En los asentamientos informales o barrios de bajos ingresos, el efecto de “isla de calor urbana” se magnifica debido a la alta densidad de hormigón, techos de chapa y la falta de espacios verdes. El IPCC recomienda:
Infraestructura verde basada en la comunidad: Plantar árboles nativos y crear microrreservas o corredores verdes directamente en las calles y plazas de los barrios periféricos. La vegetación proporciona sombra y enfría el aire mediante la evapotranspiración.
Techos blancos o reflectantes (“Cool Roofs”): Una de las medidas de adaptación de más bajo costo y alto impacto. Pintar los techos de materiales altamente reflectantes o instalar cubiertas de color claro reduce la absorción de calor en las viviendas, bajando la temperatura interior de forma drástica sin necesidad de aire acondicionado (combatiendo la pobreza energética).
Redes de centros de enfriamiento comunitario: Establecer refugios climáticos públicos con aire acondicionado o ventilación óptima (como escuelas, polideportivos o centros comunitarios) para que las personas vulnerables, ancianos o niños tengan un lugar seguro durante los picos térmicos.
Sistemas de alerta temprana con enfoque social: Desarrollar alertas meteorológicas que no solo se emitan por televisión o internet, sino a través de redes comunitarias locales, mensajes de texto y referentes barriales, asegurando que las recomendaciones de hidratación y salud lleguen a quienes viven aislados.
Medidas frente a Inundaciones y Tormentas
Los barrios vulnerables suelen asentarse en zonas bajas, cuencas inundables o laderas inestables. Las soluciones tradicionales de hormigón (como canalizar ríos) ya no bastan por sí solas; el IPCC promueve soluciones basadas en la naturaleza:
Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS): Crear plazas inundables programadas, jardines de lluvia y pavimentos permeables en el tejido del barrio. En lugar de acumular el agua en la superficie o saturar los desagües, estos sistemas permiten que el suelo absorba y filtre el agua de lluvia de forma natural.
Restauración de humedales y llanuras de aluvión: Proteger y regenerar los cuerpos de agua, humedales y ríos urbanos cercanos a los asentamientos. Estos actúan como “esponjas” naturales que amortiguan las crecidas antes de que lleguen a las viviendas.
Mejoramiento habitacional y relocalización concertada:
En el lugar: Financiar el refuerzo de viviendas existentes (elevar plantas bajas, mejorar cimientos frente a la erosión del agua).
Retiro gestionado: Cuando el riesgo de inundación o deslizamiento de tierra es extremo e intratable, el IPCC avala la relocalización de comunidades enteras, pero enfatiza que debe hacerse mediante procesos co-diseñados con los vecinos, garantizando que no pierdan sus redes de sustento económico ni su identidad cultural.
Infraestructura crítica resiliente: Asegurar que los centros de salud locales, estaciones de bombeo de agua y tendidos eléctricos del barrio estén construidos por encima de las cotas máximas de inundación histórica para evitar que queden incomunicados durante la emergencia.
El principio rector del IPCC: La equidad social El IPCC advierte rigurosamente sobre el riesgo de la “maladaptación” (soluciones mal planificadas). Por ejemplo, si se construye un parque inundable hermoso en un barrio vulnerable sin proteger a los inquilinos, los precios de la tierra suben y los residentes originales son expulsados por gentrificación verde. Por ello, toda medida de adaptación urbana debe ser inclusiva y contar con la participación activa de la comunidad desde el primer día.
Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la maladaptación (o mala adaptación) ocurre cuando las acciones adoptadas con la intención de reducir los riesgos del cambio climático terminan provocando, sin querer, consecuencias negativas.
En términos sencillos: es cuando el remedio resulta peor que la enfermedad. Esto sucede habitualmente porque las medidas se diseñan pensando a corto plazo, de manera aislada, o ignorando los impactos sociales y ecológicos más amplios. El IPCC advierte que la maladaptación es especialmente peligrosa porque gasta recursos escasos y, casi siempre, perjudica más a los grupos que ya eran vulnerables.
Ejemplos comunes de maladaptación en las ciudades
En el entorno urbano, la prisa por dar soluciones a inundaciones u olas de calor suele caer en estos cuatro patrones de maladaptación:
1. El “Efecto Rebote” de la infraestructura gris frente a inundaciones
La acción: Construir diques rígidos, muros de contención o canalizar con hormigón un río urbano para proteger un barrio de las inundaciones.
La maladaptación: Esta infraestructura altera la dinámica natural del agua. Al acelerar o desviar el cauce, a menudo transfiere el problema río abajo, inundando con mayor violencia a otras comunidades (generalmente asentamientos informales periféricos). Además, genera una falsa sensación de seguridad que incentiva a seguir construyendo en zonas de riesgo, lo que multiplica el peligro si el dique llega a fallar.
2. Dependencia del aire acondicionado frente a las olas de calor
La acción: Incentivar o subsidiar masivamente la instalación de equipos de aire acondicionado tradicionales en viviendas y oficinas para combatir el calor extremo.
La maladaptación: Provoca tres problemas graves a mediano plazo:
Calor exterior: Los aparatos enfrían el interior expulsando aire caliente hacia la calle, lo que intensifica el efecto de isla de calor urbana en los espacios públicos.
Emisiones: Dispara el consumo eléctrico. Si la matriz energética de la ciudad depende de combustibles fósiles, se emiten más gases de efecto invernadero, acelerando el calentamiento global.
Brecha social: Quienes no pueden pagar la factura eléctrica (pobreza energética) se quedan sin protección y expuestos a cortes de luz por el colapso de la red eléctrica.
3. La “Gentrificación Verde” (Eco-gentrificación)
La acción: Crear grandes parques urbanos, humedales artificiales o corredores verdes en áreas postergadas de la ciudad para mitigar el calor y absorber agua de lluvia.
La maladaptación: Aunque el beneficio ecológico es real, si no se acompaña de políticas de vivienda, estas mejoras de diseño aumentan el valor de la tierra y los alquileres. Los desarrolladores inmobiliarios compran el suelo, los precios suben y los residentes vulnerables originales terminan siendo expulsados hacia zonas periféricas más baratas… que suelen ser mucho más propensas a riesgos climáticos.
4. Plantaciones forestales homogéneas o exóticas
La acción: Lanzar planes masivos de forestación urbana para crear sombra rápida utilizando una sola especie de árbol o árboles exóticos de rápido crecimiento.
La maladaptación: Las especies que no son nativas suelen requerir enormes cantidades de agua, compitiendo con el consumo humano durante las sequías urbanas. Además, los monocultivos forestales (una sola especie) son extremadamente frágiles: si llega una plaga o enfermedad adaptada al nuevo clima, todos los árboles mueren a la vez, dejando a la ciudad desprotegida y con altas cargas de biomasa seca inflamable.
¿Cómo evitar la maladaptación según el IPCC?
Para que una estrategia urbana no se convierta en maladaptación, el IPCC propone tres pilares obligatorios:
Planificación multisectorial: Evaluar los impactos a largo plazo (no solo a 5 o 10 años) y en toda la cuenca o región, no solo en un vecindario.
Priorizar soluciones basadas en la naturaleza: Combinar la infraestructura de ingeniería con soluciones flexibles y biológicas (como la restauración de ecosistemas).
Justicia climática y participación: Incluir a los residentes de los barrios afectados en el diseño de las soluciones. Si la comunidad local ayuda a planificar la obra, es mucho más probable que se detecten los efectos secundarios antes de poner el primer ladrillo.
Varios gobiernos locales y organismos internacionales han documentado casos de éxito donde las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) han permitido a las ciudades adaptarse al cambio climático de manera más efectiva y económica que las estructuras de hormigón tradicionales.
A continuación, destaco algunos ejemplos significativos, con especial enfoque en América Latina:
1. Medellín, Colombia: Corredores Verdes
Es uno de los ejemplos más citados a nivel regional. El municipio transformó los bordes de sus autopistas y canales de agua en “corredores verdes” interconectados.
Impacto: Esta red de vegetación ayudó a reducir la temperatura ambiente local (mitigando la isla de calor urbana), mejoró la calidad del aire y recuperó la biodiversidad urbana, creando a su vez espacios de recreación segura para comunidades que carecían de áreas públicas.
2. Vitoria-Gasteiz, España: El Anillo Verde
Considerada un referente global, la ciudad rodeó su núcleo urbano con un cinturón de parques y ecosistemas restaurados.
Impacto: Este anillo funciona como una barrera natural que absorbe el exceso de agua de lluvia (previniendo inundaciones en barrios bajos) y actúa como un enorme sumidero de carbono que regula el clima de toda la ciudad.
3. Xalapa, México; San Salvador, El Salvador; y Kingston, Jamaica
Estas tres ciudades forman parte del proyecto CityAdapt, apoyado por el PNUMA, que se enfoca específicamente en mejorar la resiliencia de barrios vulnerables mediante SbN.
Impacto: Han implementado metodologías para identificar riesgos climáticos locales y diseñar soluciones naturales (como la protección de cuencas altas para evitar aludes y la creación de áreas de captación de agua) que protegen directamente los asentamientos informales de las crecidas repentinas.
4. Malmö, Suecia: Augustenborg
Aunque es un caso europeo, es el modelo pionero que muchas ciudades latinoamericanas intentan replicar. Este barrio logró transformar un área propensa a inundaciones recurrentes mediante un sistema de canales abiertos, estanques y techos verdes.
Impacto: El sistema de “barrio azul-verde” gestiona el agua de lluvia en la superficie, evitando que los desagües colapsen. Fue un éxito tal que hoy es una referencia para evitar la maladaptación y la dependencia de tuberías subterráneas costosas.
5. Buenos Aires, Argentina: Reservorios Naturales
La ciudad ha comenzado a integrar reservorios naturales en sus parques urbanos.
Impacto: Estos espacios, además de funcionar como pulmones verdes, están diseñados para inundarse de manera controlada durante tormentas intensas, almacenando el agua temporalmente y liberándola de forma gradual, protegiendo así las viviendas circundantes de los anegamientos severos.
Por qué estas soluciones funcionan mejor:
Costo-efectividad: La infraestructura natural suele costar hasta un 50% menos que las soluciones grises (hormigón) y requiere menos mantenimiento a largo plazo.
Retorno de inversión: Los beneficios (reducción de daños, salud pública, turismo y productividad) pueden ser hasta 10 veces mayores que la inversión inicial.
Codiseño: El éxito de estos casos radica en que no fueron impuestos desde arriba, sino que incluyeron a las comunidades locales en el diagnóstico y gestión, evitando la temida “gentrificación verde” que a menudo acompaña a estos proyectos.
Bibliografía ampliada
Jelic, M. C. (2026). Los vulnerables son los más afectados por el cambio climático. Diario Perfil. Enlace de referencia
Foro Económico Mundial (WEF) & Organización Mundial de la Salud (OMS). (2024). Quantifying the Impact of Climate Change on Human Health (Cuantificando el impacto del cambio climático en la salud humana). Informe conjunto sobre proyecciones de mortalidad y carga económica para 2050.
Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). (2023). Sexto Informe de Evaluación (AR6): Cambio Climático 2023: Informe de Síntesis. Ginebra, Suiza. (Sección específica sobre justicia climática y vulnerabilidad regional).
Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) & Grupo Social ONCE. (2026). Informe sobre Emergencia Climática, Transición Justa y Discapacidad. (Análisis sobre infravivienda y pobreza energética).
Human Rights Watch (HRW). (2025). Respuesta inadecuada: El impacto de las olas de calor en poblaciones marginadas y de salud mental. Nueva York.
Universidad de Notre Dame. (2025). ND-GAIN Index (Notre Dame Global Adaptation Initiative). Datos anuales sobre los países con mayor vulnerabilidad climática y menor capacidad de adaptación (Casos de Chad, Somalia y Bangladesh).
